En mi anterior articulo titulado: Biología de la Religión: Que dice la Ciencia sobre la religiosidad humana , quise explicar como la teoría de la Evolución da una respuesta coherente y racional al porque de la existencia del sentimiento religioso y cual seria su utilidad. Para explicarlo brevemente, esta permitiría inculcar normas y serviría para fomentar la confianza y el compromiso dentro del grupo, que ayudarían al buen funcionamiento de una sociedad en particular. Pero, como todo remedio (no homeopático) tiene efectos secundarios y en este caso serían la invención y adoración de seres fantásticos e imaginarios, que sirven para explicarlo todo desde una perspectiva mágica, dejando de lado y en muchos casos despreciando la vía racional. Con el peligro de que el creyente al ser educado en que debe confiar ciegamente en sus autoridades religiosas, pueda ser manipulado, vía mensajes o revelaciones “mágicas” que entregarían dichas autoridades.
En el presente articulo, que será complemento al antes mencionado, voy a intentar explicar, nuevamente desde el punto de vista evolutivo, el porque de la superstición y de cómo esta actitud a ayudado a la sobrevivencia de nuestra especie, hay que dejar en claro que no es algo exclusivamente humano, como quedo demostrado en experimentos efectuados en otros animales.
En el ambiente natural que es un sistema que funciona en base a “comer y no ser comido”, los seres vivos deben estar atentos y vigilantes a todo lo que ocurre a su alrededor, tanto para buscar posibles presas como para evitar convertirse en presa y para ellos debe anticiparse a los hechos. En este contexto, sobre el entorno debe saber equilibrar predicciones potencialmente correctas de aquellas que son equivocadas. En la medida en que el costo de las predicciones falsas, es menor que el costo de no actuar frente a la predicción sobre el entorno, la superstición siempre será la mejor opción.
Por ejemplo cuando un rumiante se encuentra lejos de su manada y próximo a un arbusto y escucha ruido y ve movimiento detrás de el, siempre la reacción de huir, por la posibilidad de estar frente a un potencial depredador es más favorable que no hacer nada. Obviamente la respuesta de huida por imaginar que detrás del arbusto hay un depredador, tiene en la mayoría de los casos una mínima evidencia, ya que la mayoría de las veces será solo el viento u otro animal no peligroso, por tanto la creencia que ha generado la huida puede ser calificada de supersticiosa. No obstante, y esto es lo importante, estas actitudes supersticiosas nos han ayudado a sobrevivir.
Los biólogos definen la superstición, como creer que una cosa es producida por otra, aunque no haya ninguna relación ni evidencia de esto. Por eso, si tu horóscopo dice que tu planeta regente esta en una posición favorable y por eso conocerás a la persona de tu vida y ese día, producto del azar, tienes un encuentro fructífero, creerás en el horóscopo a pie juntillas.
Por este motivo, los gatos negros, los tréboles de 4 hojas, el pasar por debajo de una escalera o el no muy bien ponderado número 13 son parte del folklore de nuestra civilización en lo referente a supersticiones. Muchas personas prestan notable atención a sus comportamientos basados en ellas, y varios otros, aunque renieguen de ser supersticiosos, seguramente eviten pasar por debajo de una escalera si se les presenta la oportunidad.
¿Pero desde cuándo el respeto por esta serie de creencias forma parte de nuestro comportamiento cotidiano? Y aquí lo destacable de la teoría de la evolución es que da una respuesta, y sería que la creencia en supersticiones nos ha evitado unos cuantos problemas en todo nuestro proceso evolutivo desde tiempos prehistóricos.
Kevin Foster, evolucionista biológico de la Universidad de Hardvard ha propuesto una muy interesante teoría que incluye a las supersticiones en la lista de elementos que propiciaron la supervivencia de nuestra especie.
Trasladémonos unos miles de años atrás. Un grupo de cazadores homo están recorriendo la pradera en busca de algún fruto. De repente se escucha un ruido a pasto crujiente. Sus creencias les hacen presumir que se trata de un depredador (vinculando la causa “pasto crujiente” al efecto “peligro de muerte”) y huyen. Ya que el costo de quedarse o intentar averiguar es mucho más alto que escapar.
A medida que fuimos evolucionando las experiencias de este tipo nos han permitido decantar las supersticiones falsas de las más próximas a la realidad, y si tomamos en cuenta que antes de que existiera la ciencia moderna (e incluso miles de años antes de Platón o Aristóteles) la visión del mundo no pasaba por lo real y contrastable empíricamente, sino que por un conjunto de creencias que condicionaban el comportamiento humano, en este contexto, la importancia de las supersticiones en la vida cotidiana es fácil de adivinar.
De esta manera nuestra especie ha ido seleccionando las supersticiones más factibles de concreción de las menos probables y ajustando sus comportamientos en función de los peligros implícitos en ellas. Es fácil decir que uno no es supersticioso, pero con creencias de ese tipo tan inculcadas en nuestra naturaleza es más probable serlo que no serlo.
Desde luego, parece algo irracional, pero también es un comportamiento que ha sobrevivido a pesar de los avances. El biólogo experto en evolución Kevin Foster, de la Universidad de Harvard y la doctora Hanna Kokko, de la Universidad de Helsinki, han publicado en la revista Proceedings of Royal Society, una investigación en la que muestran cómo pudo evolucionar el comportamiento supersticioso.
Sus hallazgos sugieren la posibilidad de que exista un gen de la superstición y que, lejos de ser una tontería, ser supersticioso hoy es algo necesario para nuestra supervivencia como especie. Foster asegura en su artículo: “En un mundo de incertidumbre como en el que vivimos, puedes escoger entre creer y no creer”. Y es que, según este estudio, las especies que hacen caso de su superstición viven más porque son más cautelosas. En las sociedades primitivas esto se expresaba haciendo la danza de la lluvia mientras que en las sociedades modernas se acostumbra leer el zodiaco en las mañanas antes de salir al trabajo.
Las supersticiones son hábitos comunes a muchas culturas, ejemplos hay muchos en la nuestra, como traer tierra del cementerio para ‘cargar’ una casa, poner una escoba detrás de la puerta para ahuyentar las visitas no deseadas. Existen otras Yetas que afectan a personas conocidas, como don Francisco que por el lado de la palma cruza su anillo con un palito de fósforo, los artistas de televisión no dicen la palabra “culebra”, pues es considerado de muy mala suerte y para que decir los futbolistas, que pisan la cancha con el pie derecho o utilizan la misma camiseta cuando van ganado, etc, etc.
Estudios recientes reflejarían que la creencia en fenómenos sobrenaturales continúa muy arraigada en nosotros los seres humanos aun hoy en pleno siglo XXI. Al parecer, la sospecha de relaciones allí donde no las hay garantiza nuestra supervivencia.







Según un artículo que salio en la revista "Investigación y Ciencia", donde se explica que en pleno siglo XXI, ni la astrología ni la videncia ni la magia han desaparecido. Al contrario: entre los ciudadanos alemanes, por ejemplo, creer en los buenos o malos presagios resulta más común que hace un cuarto de siglo, según una encuesta realizada por el Instituto de Demoscopia de Allenbach en 2005. Así, el 42% de los encuestados consideraba un trébol de cuatro hojas como presagio de buena suerte. Datos de la National Science Foundation de 2002 muestran también que más del 40% de los norteamericanos están convencidos de que el demonio, los espíritus o los fenómenos sobrenaturales, como las curaciones milagrosas, existen.
Ni siquiera los científicos resultan inmunes a la superstición: en el año 2008, Richard Coll y sus colaboradores de la Universidad de Waikato en Hamilton (Nueva Zelanda) preguntaron a 40 representantes de distintas disciplinas, entre ellos, físicos, químicos y biólogos, acerca de sus ideas sobre los fenómenos sobrenaturales. Algunos manifestaban creer en el efecto curativo de las piedras preciosas; otros se mostraban convencidos de la existencia de espíritus o extraterrestres. La mayoría de los encuestados basaban tales afirmaciones en experiencias personales o publicaciones convincentes. De esta manera, algunos de los científicos sostenían que amigos o colegas suyos superaron una enfermedad grave apelando a un poder superior. Los científicos escépticos, en cambio, fundamentaban su rechazo a tal creencia, casi siempre, a través de consideraciones teóricas.
Buen tema, falto indicar que en alguna parte dice que al final el 99,9 por ciento es superticioso por alguna cabala ó algo parecido.
Ahora, este tema como el que habla sobre la religiosidad, me gustaron porque permite aclarar y comprender los porque de nuestros comportamientos.
La Evolución es un hecho tan evidente y gracias a ella es posible comprender como trabaja la naturaleza.
Gracias Cristian..
-... y novedoso.
No había pensado en el tema antes.
CICERONE
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