¿Sabes que es un Smombie o ser Nomofóbico?

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Introducción

Primero un breve prólogo para entrar en el tema. Un antropólogo nos podrá decir que el 99% de nuestra existencia como especie homínida transcurrió en la sabana africana, un animal dotado de gran capacidad intelectual y diestro en la recolección y la caza.

Durante estos miles de años los homínidos hemos sufrimos diversos cambios adaptativos, como la pérdida del pelaje, la locomoción bípeda y el desarrollo de un cerebro más grande. Obviamente, ninguno de estos cambios evolutivos resultan gratis, ya que nos trajeron algunos inconvenientes. Con la locomoción bípeda llegaron los dolores de espalda y las hemorroides y gracias a nuestra gran corteza cerebral los problemas existenciales que conlleva la reflexión sobre uno mismo.

El mundo que vivimos hoy en día no se asemeja en nada y es totalmente diferente al que nuestro cuerpo y mente se fue adaptando. Por ejemplo hoy, en vez de tener que ir a cazar para alimentarnos basta con llamar a una pizzería o un local de comida china o de sushi y gracias al servicio a domicilio, la comida viene a nosotros. Pero, por haber evolucionado en un ambiente donde conseguir alimentos era difícil y requería gran esfuerzo físico, nuestro organismo respondió desarrollando una eficaz forma de ahorrar calorías. Habilidad que fue útil ayer, pero hoy se vuelve en nuestra contra y gran parte de los humanos de países desarrollados sufren con el sobrepeso, la hipertensión y la diabetes.

Por otro lado, algo que realmente nos destaca, es ser extraordinariamente sociales y nuestra inteligencia más elaborada corresponde precisamente a la social. Incluso, poseemos un área de la corteza cerebral especializada en reconocer rostros, como es la circunvolución fusiforme.

Problemas matemáticos complejos nos resultan difíciles de resolver, pero nos será fácil entender que si Juan domina a José y José domina Pedro, entonces Pedro se mostrará sumiso en cuando vea a Juan. Es decir, tenemos una excelente capacidad para entender escenarios engorrosos de interacciones sociales y nos resulta más fácil identificar al que miente, que al que es generoso.

Las ventajas selectivas de tener un gran cerebro social son obvias. Nos permitió afinar nuestra capacidad de leer la mente de los otros, destacar en manipulación social y especializarnos en el engaño y la atracción de potenciales parejas y seguidores.

Al igual que el cuerpo, nuestra mente y comportamiento se forjaron y moldearon de forma paulatina en nuestro pasado de cazador/recolector, un medio muy distinto al actual. Hoy nos solemos cruzar con más gente en un vagón del metro, que nuestros antepasados en toda una vida. Y se da la curiosidad que nuestra especie puede mirar la imagen impresa de una persona del sexo opuesto y sentir atracción sexual, sin siquiera saber cómo huele, algo impensado para otro mamífero.

¿Que demuestra todo esto? que nuestra forma de ser nos empuja a romper las fronteras de nuestra naturaleza. Y aquí la ciencia cumple el papel de poner a prueba nuestras restricciones de homínidos. Muchas de las transformaciones más drásticas sobre nuestro mundo son producto directo de la ciencia, con sus obvias ventajas. Y, en términos generales las nuevas tecnologías han mejorado nuestra calidad de vida.

El experimento

Después de esta introducción quiero dedicarme especialmente a los cambios causados por el uso de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación (NTIC), las que han crecido de forma exponencial en los últimos años. Por ejemplo, la red social Facebook, en octubre de 2012 contaba con más de mil millones de usuarios.

Al estar presentes en todos los ámbitos de nuestra vida, han modificado la forma de trabajar, relacionarnos y entretenernos. Ellas nos hacen sentir conectados en todo momento con nuestros amigos, pareciera que nunca estamos solos, nos estamos acostumbramos a estar juntos en solitario, ignorando incluso a los que físicamente están a nuestro lado. Ayer hubiera sido raro, pero hoy es común ver a un grupo de amigos reunidos que no hablan entre si ya que todos están conectados mediante sus dispositivos móviles con otras personas. Ellos son los llamados “presentes ausentes”.

En el ámbito laboral se nos pide y exige estar siempre conectados y disponibles, produciendo una frontera difusa con el ámbito privado. Esta situación interfiriere y a veces interrumpe nuestras actividades privadas y relaciones familiares, afectando la cantidad y calidad del sueño, siendo la causa de que hoy existan mayores niveles de agotamiento mental. Antes, al salir del trabajo nos podíamos desconectar, en cambio hoy el trabajo nos acompaña al hogar.

Otro tema preocupante es que el uso constante de smartphone puede generar adicción psicológica o ciberadicción. Si bien los expertos debaten si esta dependencia debe o no ser considerado un trastorno clínico, lo que resulta evidente es que presenta los mismos síntomas de otras adicciones: uso excesivo, síndrome de abstinencia, ansiedad o irritabilidad ante la imposibilidad de utilizarlas, necesidad creciente de aumentar el tiempo de estar conectado, etc.

Un ejemplo de lo anterior, lo podemos apreciar al transitar por la calle y vemos a los denominados “smombies(palabra compuesta de ‘smartphone’ y zombie), que sienten tal necesidad de estar conectados que no desatienden su aparato ni siquiera mientras caminan y cruzan la calle, estando siempre con sus ojos fijos en la pantalla de su “teléfono inteligente”, desatendiendo lo que pasa a su alrededor, con el claro riesgo de sufrir algún accidente por chocar con un poste o bien con otras personas. Hay otros que lo hacen peligrosamente mientras conducen su automóvil. Todos ellos atienden mensajes que sienten debe ser respondido a la brevedad, dándole un sentido de urgencia a algo que realmente no lo tiene porque, si lo pensaran bien, da lo mismo si responden de inmediato o en un par de horas más.

Ellos miden su popularidad en términos de la cantidad de “me gusta” que tienen en Facebook. Suelen padecer nomofobia o miedo irracional a salir de casa sin su smartphone, sienten que su teléfono es su vida y les brinda la sensación de estar siempre acompañados, en realidad están prisioneros de su teléfono inteligente.

Las nuevas formas de interacción tecnológica nos están llevando a perder la oportunidad de utilizar nuestras habilidades en interpretar el lenguaje no-verbal, que es el lenguaje de los gestos, de las posturas y de las miradas. Con estas tecnologías se verán seriamente limitadas nuestras capacidades de, con solo observar, comprender los complejos escenarios de interacciones sociales y de leer la mente de los otros.

Un mensaje de texto no nos dirá si nuestro interlocutor está bromeando o nos está mintiendo, incluso nos será difícil intuir si es una potencial pareja, etc. produciéndose así el aumento en los errores en interpretación de los mensajes, una cosa es lo que se dice, otra lo que se quería decir y otra lo que deduce el interlocutor.

Estos nuevos hábitos se están practicando desde muy joven y no sabemos cómo van a repercutir en el futuro. Los jóvenes de hoy, al ser la primera generación 100% tecnologizada, que nació en la era de la Internet y la telefonía celular, por ende, dependen de ellas para interactuar y comunicarse. Esta juventud, está participando sin saberlo, en un gran experimento científico.

Ocurre también que por estar constantemente conectado, ya sea chateando o jugando con un aparato móvil, nuestro cerebro siempre está atareado en algo, no existiendo tiempo para el aburrimiento, situación que se suele ver negativamente, pero que evolutivamente ha sido de mucha importancia para nuestra especie al estimular los cambios de conducta, incluso la selección natural ha favorecido a los individuos que tienen la capacidad de aburrirse, pues son ellos los que habitualmente descubren o crean cosas nuevas e innovadoras que mejoran las posibilidades de supervivencia.

Existe una frase que se le atribuye a Einstein, y habla sobre su pesimismo con este tema: “Temo el día en que la tecnología sobrepase nuestra humanidad, el mundo solo tendrá entonces una generación de idiotas”. Esperemos que en esto Einstein sí se equivoque y no se convierta en realidad.

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