Religión Mercado-Céntrica y barbarie neoliberal anglosajona

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El mundo moderno se encuentra viviendo bajo la dictadura de la cultura económica, donde todo funciona en provecho de los intereses del mercado y la búsqueda máxima de rentabilidad. El Capital se transformó en un valor por encima del ser humano y la naturaleza.

Debido a la búsqueda constante de un crecimiento económico siempre inalcanzable, se sacrifican peligrosamente las condiciones para la existencia de la humanidad y del resto de las especies. Se tiene la creencia que la sociedad perfecta es la que se desarrolla bajo los principios del mercado. Este objetivo se debe lograr a cualquier costo, incluso actuando con el principio de “El fin justifica los medios”.

Desde esta perspectiva, no hay realidades ajenas al mercado y se aspira a una sociedad regulada únicamente por las leyes mercantiles. Los medios de producción y de vida se transformaron en capital, y la fuerza de trabajo en mercancía. Donde libremente podrán comprarse y venderse bajo la ley de la oferta y la demanda, regulado por el sistema de precios.

Dentro del proceso nos han llevado a creer que la economía es el centro de la existencia, que la desigualdad, donde muy pocos tienen mucho y una inmensa mayoría tienen poco, es una situación natural en la sociedad. Esto ha llevado a creer dogmáticamente en la lucha competitiva, creando individuos egoístas y obsesionados por la obtención de la mayor cantidad de riquezas y beneficios, con la meta de llegar a formar parte de los pocos que tienen mucho.

Si analizamos como vivimos y como nos interrelacionamos, notaremos que el capitalismo se extiende a todos los ámbitos de nuestras vidas, reduciendo la realidad al mercado, quebrando e ignorando la pluralidad y la diversidad. Nada que no sea comercializable tiene valor. Donde los seres humanos pasamos a ser clientes, consumidores y también mercancía, no importando ninguna otra cualidad. Nuestra identidad se reduce a nuestras tarjetas de crédito y nuestro poder adquisitivo. Hasta las relaciones sociales se ven también restringidas a la ley de la oferta y la demanda.

Lo más grave y es la razón fundamental para las injusticias, abusos y desigualdades desproporcionadas que son resultado de este modelo de sociedad, fue que la economía se apropio de la Moral y el Mercado paso a ser el dispensador de valores. Hoy competitividad y eficiencia pasaron a ser los valores supremos, los ideales de perfección que deciden sobre la validez de todos los demás valores. Podemos afirmar que hemos creado una nueva religión “Mercado-Céntrica”, donde el dinero y el capital se convirtieron en fetiches a los que hay que rendir pleitesía y el mercado paso a ser el único camino para encontrar la tan anhelada felicidad.

Los fines de los accionistas, administradores y dueños de las empresas, es producir productos y servicios con un mínimo costo y un máximo de utilidad. Los costos son expresados en términos monetarios y por la rentabilidad del proceso productivo. Si no hay ganancia y si esta no se maximiza, se fracasa y no se sobrevive en la selva del mercado. Esta situación causa permanente competencia entre las distintas empresas. El que gana maximizando sus ganancias y minimizando los costos, demuestra que es el más eficiente.

Dentro de la dinámica de funcionamiento del capitalismo neoliberal y global, principalmente el representado por el modelo anglosajón liderado por Estados Unidos e Inglaterra. En ellos resulta sin importancia la eliminación de la biodiversidad, de las riquezas humanas y culturales. Apartando, por no ser rentables, elementos que son valiosos e indispensables para la vida: la integralidad de la naturaleza con su biodiversidad animal y vegetal, ahora resultan ser objetos prescindibles y subordinados al dinero y al capital.

Una de las consecuencias de la mercantilización por buscar controlar todo en pos de la uniformidad, con el libre mercado como instrumento, es la eliminación de la diversidad de especies y nuestras diferencias culturales, monopolizando la vida y sus recursos. El respeto ecológico y diversidad cultural no es prioridad, olvidando que el ser humano pudo poblar todos los confines del planeta gracias a su capacidad de adaptación e ingenio para crear una gran variedad de soluciones frente a los desafíos que le planteaba la naturaleza.

El mercado, dentro de su proceso, paso a convertir la vida humana en “capital humano” y la tierra en “capital natural”, todo se debe traducir en negocio; la educación, la salud, la cultura, la ciencia, la biodiversidad, etc., y el camino es la privatización. Los seres humanos y la naturaleza pasamos a estar al servicio del capital y no al revés como debiera ser, por lo tanto ambos y llegado el caso somos desechables y sacrificables.

El empresario adquirió en este proceso una visión sesgada, reducida y fragmentada de la realidad que está afectando, sin darse cuenta que la naturaleza funciona gracias a una interconectividad de redes y cadenas interdependientes. El empresario, al tener como único objetivo la acumulación de capital, es ciego a las nefastas consecuencias que su actuación económica, mercantil y cortoplacista tiene sobre una realidad natural mucho más amplia y compleja. Llegando a ver el cambio climático, el deterioro del medio ambiente, etc., como costos externos sin importancia. Lamentablemente los efectos son tan negativos, que estamos provocando la sexta extinción masiva, y podemos considerar al ser humano como algo peor que un meteorito para la vida de nuestro planeta.

Dada la lógica capitalista y su dualidad ganador/perdedor, bueno/malo los seres humanos pasamos a estar clasificados en ganadores, perdedores y seres humanos desechables. Solo los capaces de generar riqueza y ser más competitivos serán considerados ganadores y quienes no puedan subirse al tren del crecimiento económico pasan a ser los perdedores y sobrantes. Esto al final lleva a la rotura de las relaciones humanas no solo entre los considerados sobrantes con relación los ganadores, sino entre ellos mismos. Se pierde la solidaridad y el respeto mutuo. La drogadicción, la violencia, la desintegración familiar y la deshumanización acompañan al proceso de mercantilización y obtención del máximo beneficio.

La mentalidad mercantilista subordina el bienestar humano a la lógica de los buenos negocios. Si existe una oportunidad de lograr beneficios, si existe una demanda en el mercado, el sufrimiento humano pasa a carecer de importancia y resultan irrelevantes la injusticia y desigualdad social. Además y para limpiar la conciencia, se crea la imagen de que las víctimas son las verdaderas culpables de su situación.

Podemos afirmar que hemos creado un  modelo de sociedad con una componente auto-destructiva, por basarse que primero están las relaciones mercantiles por sobre el conjunto de la sociedad. Debilitando el conjunto social y natural. Existiendo múltiples ejemplo de ello desparramados por el mundo en los variados conflictos y la mayoría, incluso los aparentemente religiosos, son producto de las grandes desigualdades sociales. Estas son consecuencia por aplicar dogmáticamente ideas “Mercado-Céntrico” y cortoplacista.

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